Ante la institucionalización del racismo

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Durante los últimos meses observamos con preocupación cómo en la ciudad de Murcia y algún otro núcleo urbano vienen dándose diversos brotes de racismo y fascismo. Encubiertos de distinta forma, bien sea mediante instituciones como la policía o bien mediante bandas callejeras de carácter neonazi, aparecen cogidos de la mano enalteciendo su punto común: defender una falsa imagen de la España de pandereta y peineta de un enemigo que no existe. 

Por un lado, desde el Gobierno lanzan proyectos de Ley como el de la “ley mordaza” que pretenden convertir en delito la protesta social, traduciéndose, junto con otros muchos datos, en una puesta en marcha de un estado policial cada vez más agudizado;  por otro lado, diferentes brigadas policiales se dedican a detener y apalear a inmigrantes que son declarados sospechosos meramente por su color de piel o su acento, pretendiendo llevarlos a sus renovados campos de concentración que son los llamados “CIE,s” (Centros de Internamiento de Extranjeros) donde convierten a las personas en números a los que maltratar y de los que disponer en base a ningún tipo de derecho humano, todo ello tras haberlos despojado previamente acceso a sanidad a golpe de decreto.

Al mismo tiempo y como era de esperar, los diversos grupúsculos y bandas neonazis se sienten llamados a campar a sus anchas por la ciudad, haciendo cundir un mensaje de odio, violencia y miedo mediante palizas y amedrentamientos grupales y cobardes a activistas, estudiantes y personas migrantes. Mientras tanto, la policía se dedica a mirar a otra parte, como también era de esperar.

El fascismo es una herramienta usada históricamente por el capitalismo en tiempos de crisis para conservar sus intereses de clase. No se lo piensan dos veces los gestores del capitalismo a la hora de dar luz verde a proyectos proto-fascistas y cargar las calles y los discursos de ideología racista; todo con el fin de engendrar el monstruo que es el fascismo y lanzarlo al cuello de las y los trabajadores. Fascismo y racismo van unidos de la mano del clasismo, de la ideología racista que desprenden las instituciones en manos de los partidos corruptos; y es que estas bandas callejeras neonazis y estos grupúsculos fascistas nutren sus filas de la ignorancia de la que bebe el racismo, la ignorancia de no reconocer el enemigo común e histórico que han tenido los y las trabajadoras de todos los países: el capitalismo.

Es por esto que es fundamental una formación y educación crítica con el entorno, es por esto que es fundamental que cerremos filas: cojámonos de los brazos y hagamos frente desde todos los movimientos sociales a estos grupúsculos fascistas embrionarios, hagámosles desaparecer para siempre. No dejemos que siembren el odio y el miedo entre la clase trabajadora, acojamos entre nuestras filas a los y las inmigrantes que son lanzados a fuera de sus países por el mismo enemigo que a nosotros nos echa del nuestro obligándonos a emigrar y ser explotados por el mismo enemigo que aquí lo hace: el capitalismo.

Desde la UJCE llevamos a cabo una condena transversal y constante de todas las actitudes racistas o xenófobas, así como de las organizaciones fascistas que los acogen; allí donde se den y tengan la forma que tengan abogaremos por que se combatan con la mayor fuerza y contundencia. Hagamos frente al racismo, institucional y callejero, que sólo pretende dividirnos y confundirnos de enemigo.

En la juventud comunista lo tenemos bien claro:

¡Nativa o extranjera la misma clase obrera!

¡Organizarnos es el único camino!

IV Conferencia UJCERM



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